Canadá ha dado un giro significativo en su política comercial al reducir del 100% al 6,1% los aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos. Esta decisión permitirá la importación de hasta 49.000 automóviles el primer año, cifra que crecerá progresivamente hasta 70.000 unidades en el quinto año, lo que supone un cambio profundo para la industria automotriz norteamericana.
La medida ha generado un intenso debate político y económico, especialmente por su impacto en la histórica relación entre Canadá y Estados Unidos, dos países cuyos sectores de manufactura automotriz han estado tradicionalmente muy integrados.
Un mercado más abierto… y más competitivo
Con este nuevo marco, el Gobierno canadiense busca abaratar el acceso a vehículos eléctricos, facilitando modelos que podrían situarse por debajo de los 35.000 dólares canadienses, una cifra atractiva para consumidores presionados por la inflación y el alto coste de vida. Para quienes siguen de cerca el mercado del automóvil y las nuevas oportunidades de compra, plataformas especializadas como el mercado de vehículos eléctricos y automóviles internacionales se convierten en un buen punto de referencia para analizar tendencias y precios.
Sin embargo, no todos celebran la decisión. Aunque las importaciones chinas representarían apenas un 3% del mercado automovilístico canadiense, el temor es que esta apertura marque un precedente difícil de revertir.
Preocupación política y tensiones internacionales
El primer ministro de Ontario, Doug Ford, ha sido uno de los críticos más duros. Desde su perspectiva, la llegada de vehículos eléctricos chinos baratos podría dañar seriamente al Corredor Automotriz de Ontario, una región clave para el empleo industrial en Canadá. Además, Ford ha expresado inquietudes relacionadas con la ciberseguridad, insinuando que el software de estos vehículos podría suponer riesgos estratégicos.
Estas preocupaciones también resuenan en Estados Unidos. Diversos funcionarios y organizaciones del sector temen que la decisión canadiense debilite la producción automotriz norteamericana y complique la transición hacia una industria eléctrica competitiva frente a China.
¿Qué modelos podrían llegar a Canadá?
Con aranceles más bajos, todo apunta a que marcas chinas como BYD sean de las primeras en desembarcar. Modelos compactos y urbanos como el BYD Seagull o Dolphin encajan perfectamente en el objetivo canadiense de ofrecer coches eléctricos más accesibles, mientras que opciones premium quedarían, por ahora, en segundo plano.
Este escenario podría redefinir las preferencias de los consumidores y acelerar la adopción del vehículo eléctrico en el país, algo que también influirá en el mercado de segunda mano y en la compraventa de automóviles a nivel regional.
Un dominó que acaba de caer
Aunque algunos analistas consideran que se trata solo de una maniobra comercial limitada, lo cierto es que el sector de los vehículos eléctricos evoluciona muy rápido. En apenas unos años, la presencia china podría pasar de ser marginal a convertirse en un factor decisivo.
La primera ola de importaciones se espera para marzo o abril, y todo indica que este movimiento no será el último gran cambio en el tablero automotriz de América del Norte. Canadá ha movido ficha, y el resto del continente observa con atención las consecuencias.

